Las elecciones presidenciales dejaron mucho más que un resultado nacional. En Casanare, los más de 150 mil votos obtenidos por Abelardo de la Espriella representan una profunda radiografía política de una región que decidió hablar con contundencia en las urnas.
El departamento volvió a demostrar que su ADN político sigue estando ligado a los valores de la seguridad, la defensa de la propiedad privada, el fortalecimiento de los sectores productivos y la protección de la industria petrolera y agropecuaria. En una tierra donde la economía gira alrededor de los hidrocarburos, la ganadería y el emprendimiento regional, el discurso de Defensores de la Patria encontró terreno fértil.
Pero detrás de los resultados hay nombres propios. Los primeros ganadores de esta contienda son Luis Felipe Sarmiento y Raquel Rubiano. Cuando pocos creían en el proyecto político de Abelardo de la Espriella en Casanare, ellos asumieron la tarea de construir una estructura política y social que fue creciendo silenciosamente. Sumaron empresarios, oficiales de la reserva, líderes comunitarios y dirigentes independientes que no encontraban representación ni en la izquierda ni en los sectores tradicionales de la centroderecha.
Lo que comenzó como una apuesta de unos pocos terminó convirtiéndose en una fuerza electoral capaz de ganar en 17 de los 19 municipios del departamento.
La primera vuelta ya había mostrado señales de fortaleza, pero la segunda vuelta terminó consolidando una gran coalición regional. A ella se sumaron figuras con amplio recorrido político como el senador Alirio Barrera, la diputada Arledy Alvarado, el exgobernador Salomón Sanabria y buena parte de sus equipos políticos, quienes decidieron marcar posición cuando la disputa presidencial entró en su fase definitiva.
También aparecen entre los ganadores dirigentes como Marco Tulio Ruiz, quien respaldó desde temprano la causa de la llamada “Firmes por la Patria”. Todos ellos entendieron una realidad que otros ignoraron: la política cambió y hoy las redes sociales, las narrativas digitales y los liderazgos alternativos tienen tanto o más impacto que las estructuras tradicionales.
Sin embargo, la victoria deja una pregunta abierta: ¿quién será el interlocutor válido entre Casanare y el nuevo Presidente?
La campaña logró construir una fuerza electoral, pero ahora viene el desafío de convertir esos votos en gestión. Casanare necesita un puente efectivo con el Gobierno Nacional para resolver problemas históricos que siguen esperando respuestas. La Vía del Cusiana continúa en estado crítico; entidades fundamentales como el ICBF, el Invías y el ICA arrastran años de inestabilidad institucional y falta de liderazgo; y sectores estratégicos siguen esperando decisiones que impulsen la competitividad regional.
Porque una cosa es ganar elecciones y otra muy distinta es lograr que el poder nacional mire hacia esta región.
En la otra orilla aparecen los perdedores políticos de la jornada.
Uno de los más golpeados, sería el gobernador César Ortiz Zorro, quien, aunque fue muy prudente en sus apoyos electorales, deberá asegurar contra reloj los recursos para múltiples proyectos prometidos por el Presidente Petro y que siguen en camino. La alineación del Partido Verde con la candidatura de Iván Cepeda terminó chocando de frente con el sentimiento mayoritario de los casanareños. Más allá de los resultados nacionales, en Casanare la apuesta por el progresismo no logró conectar con las preocupaciones predominantes del electorado.
También salen debilitados varios dirigentes que respaldaron esa misma línea política: el representante a la Cámara Diego García; los exrepresentantes Efrén Hernández y Óscar Wilchez; el exsenador Jorge Prieto Riveros, la ex Senadora Sonia Bernal; y el exalcalde de Yopal Leonardo Puentes.
La derrota no radica únicamente en el resultado electoral. El verdadero problema fue la lectura equivocada del momento político. Mientras la campaña ganadora entendió la fuerza de las redes sociales, el voto de opinión y las nuevas formas de movilización ciudadana, sus contradictores apostaron por estrategias tradicionales, construidas a última hora y desconectadas de las tendencias digitales que hoy moldean la opinión pública.
Las elecciones de 2026 dejan una enseñanza clara para la clase política casanareña: las maquinarias siguen contando, pero ya no son suficientes. Los ciudadanos están premiando la coherencia, la identidad ideológica y la capacidad de construir relatos que conecten con sus preocupaciones cotidianas.
Los ganadores celebran hoy una victoria histórica. Los perdedores tendrán que decidir si interpretan el mensaje de las urnas o si continúan ignorando una realidad política que acaba de cambiar frente a sus ojos.