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La victoria que sabe a derrota

miguelangelok | Press | | comentarios: 0

 Por Fabián Gutiérrez*

En política hay triunfos que se celebran con euforia… y otros que se reciben en un silencio incómodo. No porque no se haya ganado, sino porque el resultado deja una sensación extraña: como cuando se gana una partida que, en realidad, debió haberse ganado por goleada. Eso, más o menos, fue lo que ocurrió en las elecciones a la Cámara de Representantes por Casanare.

Sí, es cierto: Diego García obtuvo una curul con cerca de 32 mil votos. Una votación importante, sin duda. Pero también es cierto, y aquí empieza lo interesante, que ese resultado dice mucho más de lo que parece. Porque cuando uno observa el tablero completo, la pregunta surge sola: ¿32 mil votos con toda esa estructura detrás?

Para entender la paradoja, conviene mirar el contexto. Primero, el histórico peso electoral del Partido Liberal no estuvo en competencia. Segundo, buena parte de esa estructura terminó acompañando la lista del Partido Verde. Tercero, varios partidos adicionales, con dirigentes y diputados a bordo, caminaron esa misma campaña. Cuarto, Felipe Becerra decidió desprenderse de la independencia política con la que llegó al Concejo, bajo el estatuto de oposición, para alinearse con el Verde. Y quinto, quizás lo más determinante: se trataba del candidato respaldado por la fuerza política del gobernador.

Con todo ese engranaje funcionando, cualquiera habría imaginado una cifra mucho más robusta. Mucho más contundente. Pero la política tiene estas ironías: a veces el problema no es ganar, sino cómo se gana. En política, cuando una estructura tan grande produce un resultado tan corto, la pregunta ya no es quién ganó, sino cuánto desgaste quedó al descubierto.

Mientras el Verde celebraba su curul, en la otra orilla ocurría algo que pocos anticipaban con tanta claridad: el triunfo contundente del Centro Democrático. Sin gobernador. Sin alcaldía capitalina. Sin la maquinaria institucional que históricamente ha marcado la política regional. Y aun así ganó.

La elegida fue Arledy Alvarado, con cerca de 18 mil votos. Pero lo verdaderamente revelador no fue solo su votación individual, sino el desempeño de la lista completa: alrededor de 48 mil votos, con una ventaja cercana a los 7 mil frente al Partido Verde. En un departamento donde durante décadas ha operado una especie de regla no escrita: un congresista lo pone el gobernador y otro el alcalde. Esta vez la ecuación cambió. La explicación, curiosamente, no es tan compleja. Mientras algunos diseñaron listas pensando en un candidato, otros construyeron listas pensando en una fuerza política. Y eso pesa. Porque las elecciones no premian únicamente los nombres: también miden la solidez de los proyectos políticos que los respaldan.

Al Centro Democrático cerca de 9 mil ciudadanos le votaron simplemente a la lista. Al Verde, apenas alrededor de 2 mil. La diferencia no es técnica: es política. Es estructural. Una lista sólida, con candidatos competitivos, todos con votaciones significativas, terminó empujando el resultado. Allí también aparece la experiencia política del senador Alirio Barrera y la consolidación que su partido ha logrado mantener en el departamento, incluso cuando muchos daban por agotado su ciclo político. El Verde, en cambio, pareció apostar a otra lógica: la de acomodar la lista para favorecer a un solo nombre. Y esa decisión tuvo consecuencias. Porque en política los vacíos alguien los llena.

Uno de los casos más evidentes fue la exclusión del diputado Alejandro López que, de haber estado en la lista, probablemente habría alterado varias de las matemáticas electorales. Basta mirar un dato: en Paz de Ariporo, su propia tierra política, el Centro Democrático, sin tener candidato de ese municipio, superó los 5 mil votos, mientras el Partido Verde, aun con candidato de allí, apenas se acercó a los 3 mil votos.

Con Alejandro López en la contienda, la lista verde habría podido superar con relativa facilidad los 50 mil votos y, en consecuencia, reducir el caudal electoral del Centro Democrático en el norte del departamento, acercándose incluso a la posibilidad de disputar las dos curules y consolidarse como la principal fuerza política de Casanare. A veces las elecciones se deciden por una sola decisión estratégica. Y esta, sin duda, fue una de ellas: una decisión que terminó costándole al Verde ceder un liderazgo político que, en este terreno, suele pagarse caro.

Pero si el Verde ganó con sabor a derrota, hay un partido que ni siquiera tiene ese consuelo: Cambio Radical. La historia parece repetirse. En 2018, el entonces candidato Julio Ramos obtuvo una votación significativa respaldado por Marco Tulio Ruiz, pero no lograron superar el umbral porque el resto de la lista no sumó lo suficiente. Paradójicamente, el mismo error volvió a aparecer: listas débiles diseñadas para impulsar a un solo candidato. La política, como la historia, suele castigar a quienes no aprenden de ella.

Sin embargo, el verdadero dilema apenas empieza. De la misma estructura que acompañó la elección de Diego García ya se perfilan, sin demasiado disimulo, varios aspirantes a la Gobernación de Casanare: el exalcalde de Yopal Luis Eduardo Castro, el excandidato y gerente de su campaña Guillermo Velandia y el actual representante Hugo Archila, si es que no aparecen más en el camino. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿valió la pena empujar esta elección pensando en esa futura disputa por la Gobernación?

Porque, aunque se obtuvo la curul, el resultado dejó otra realidad sobre la mesa: no se construyó una lista realmente sólida y, en ese pulso político, terminaron quedando por debajo de lo esperado y cediendo terreno frente al Centro Democrático. Porque al final, las elecciones no solo revelan quién gana. También dejan ver quién realmente tiene el poder.

En ese contexto, el desafío que tienen ahora quienes resultaron elegidos es enorme. No se trata solo de aprobar leyes o ejercer control político. Se trata de estar a la altura de un país profundamente polarizado y de representar con dignidad a una región que necesita debates serios sobre desarrollo económico, educación, inversión y futuro. Porque el próximo Congreso de la República de Colombia, sea quien sea el presidente que llegue, será un Congreso difícil: tenso, fragmentado y atravesado por disputas políticas cada vez más agudas.

Y en medio de ese escenario, dos voces de Casanare tendrán que hablar en el Congreso. No solo para defender a sus partidos, sino para demostrar que la política todavía puede servir para algo más que ganar elecciones. Porque al final, las urnas no solo deciden quién ocupa una curul: también revelan quién está realmente preparado para ejercerla. Y tarde o temprano llega el momento en que cada voto deja de ser un número en una estadística y se convierte en una expectativa que alguien tendrá que honrar.

 *Candidato a doctor en Estado de Derecho y Gobernanza Global por la Universidad de Salamanca. Es magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo y especialista en Gestión Regional del Desarrollo de la Universidad de los Andes. También es especialista en Innovación Pedagógica de la Universidad del Rosario. Es psicólogo de la Universidad de los Andes. Correo electrónico: gutti@usal.es

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