Cuando tenía 14 años, Luisa decidió tatuarse y en ese procedimiento adquirió una bacteria que hoy la tiene en silla de ruedas, no controla esfínteres y es totalmente dependiente.
Según denuncias de la comunidad venía exigiendo dineros a los usuarios del servicio de energía eléctrica, con la amenaza de reportarlos ante la empresa Enerca.